Bienaventuranzas de la ternura

Felices quienes sienten la necesidad permanente de sembrar consuelo mediante pequeños gestos de cercanía, ternura y cariño.

Felices quienes se conmueven ante las imágenes que muestran el dolor, la miseria, el hambre, la guerra y se esfuerzan para que no se les cierren las entrañas por los lazos del consumo, el distanciamiento y el egoísmo.

Felices quienes han vislumbrado que la justicia y la solidaridad solo siguen creciendo si van acompañadas de la sensibilidad, la delicadeza, la humanidad y el buen humor.

Felices quienes ante la dureza del trato inhumano, ofrecen la amabilidad como el mejor remedio para desalojar la enemistad en las relaciones humanas.

Felices quienes abonan con cuidado y afecto el ambiente de trabajo, la frontera del compromiso, el diálogo con la vecina, la depresión del mejor amigo…

Felices quienes se reilusionan cada día ante la belleza de un rostro, la amabilidad de un joven, el consejo de una anciana, el abrazo que da calor al que llega aterido por la frialdad del olvido que tanto nos aleja.

Felices quienes comparten y ofrecen con generosidad la ternura hasta las fronteras más alejadas de nuestro mundo, pero no se olvida de regar con ella misma su propio corazón.

Felices quienes se dejan educar por la afectividad, la comprensión, la caricia, la vulnerabilidad de quien se siente habitado por la fortaleza de la Ternura.

(Miguel Ángel Mesa, Blog “Otro mundo es posible”)



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