HACIA EL FIN DE LAS RELIGIONES

Hace unos meses, la Comisión Teológica de la EATWOT (Ecumenical Association of Third World Theologians) difundió un documento de reflexión que, efectivamente, merece reflexión. El título es provocador (“Hacia un paradigma pos-religional”), y el contenido no lo es menos, viniendo como viene de una asociación de teólogas/os cristianos. Afirma nada menos que el cristianismo como religión es como un Titanic que se hunde irremediablemente, incapaz como es de flotar en las aguas profundas de la actual “sociedad del conocimiento”.

Y no se refiere solamente al cristianismo, sino a todas las religiones, grandes o pequeñas, edificadas sobre un paradigma, una cosmovisión, un imaginario que vienen de tiempos remotos y hoy nos resultan totalmente ajenos: mitos entendidos como relatos verídicos de hechos que alguna vez tuvieron lugar; seres espirituales invisibles pero activos en este mundo, como dioses, ángeles o demonios; un “Dios” único como ser personal supremo, anterior y exterior al mundo visible, que se revela y habla cuando quiere, elige al que quiere, dicta leyes y juzga con justicia, si quiere perdona y si quiere castiga; unas escrituras sagradas reveladas e intocables; un código de normas morales que hay que acatar porque está mandado; un credo de verdades que hay que creer porque ha sido revelado; unos sacrificios y ritos que aseguran la expiación de los “pecados” o la comunión con la “divinidad”; una organización jerárquica, presidida por un clero (masculino) dotado de poderes sagrados, intérprete último del bien y la verdad; un cosmos con la Tierra como centro, y una Tierra con el ser humano como centro; y un “más allá” concebido a imagen y en paralelo del “más acá”…

Son elementos de una visión del mundo que fue tomando forma desde hace 10.000 años, a medida que el Homo Sapiens iba pasando de la caza y de la recolección a la ganadería y la agricultura, de una vida nómada en grupos pequeños a una vida sedentaria en aldeas o ciudades. Entonces nació la “religión” tal como se ha conocido desde entonces hasta hoy. En efecto, prácticamente todas las religiones del mundo, pasadas y presentes, están básicamente sustentadas sobre ese paradigma “religional”.

Pues bien, ese paradigma ya no se sostiene. Las ciencias han abierto grietas irreparables; una cosmovisión milenaria se ha resquebrajado, y todas las religiones –incluido el cristianismo– sustentadas en ella se están desmoronando al fallar los cimientos. La crisis de las religiones no es una crisis pasajera y regional, por mucho que se empeñen sus asustados y fervientes defensores. Lo que pasa en América del Norte pasa también en América del Sur. Lo que pasa en Europa pasa también en África y en Asia.

Pero no se hundirá el mundo –ni la estética ni la ética ni la mística–, porque se hundan estas religiones. El mundo, lleno de Espíritu, existía antes y existirá después de ellas. Que el mundo sea: he ahí el Misterio. La belleza y la ternura: he ahí el Milagro que nos sostiene. Mirar el Misterio y cuidar el Milagro: he ahí la verdadera mística, con religión o sin ella.

(Dialogal. Quaderns de l’Associació UNESCO per al Dialeg Interreligiós [2012])



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