Respirar
Un discípulo fue a ver a su maestro para quejarse:
– Maestro, este trabajo sobre la respiración acabó por aburrirme verdaderamente. Aspirar, espirar. Aspirar, espirar. Sin descanso. A la larga, es realmente monótono. ¿No podría trabajar en algo más interesante?
– Comprendo -replicó el maestro-. Ven conmigo.
Llevó a su discípulo a la orilla del rio y le pidió inclinarse sobre el borde del agua. Entonces lo asió por el cuello y le hundió la cabeza en el agua. Al cabo de algunos segundos, no pudiendo más, el discípulo empezó a resistir, pero el maestro lo mantuvo a la fuerza. El pobre forcejeó como pudo, y el maestro acabó por soltarlo, tosiendo, escupiendo y jadeando.
– Entonces, ¿te sigue pareciendo aburrido respirar?
(La sabiduría de los cuentos zen. Oscar Brenifier)
